En Buen Vivir conversamos con la Magíster Nazarena Porto, especialista en trastornos de la personalidad y mentora en DBT (Terapia Dialéctico Conductual). Esta técnica, cada vez más utilizada en el mundo, se enfoca en la regulación emocional y se ha convertido en una herramienta clave para abordar lo que ya es considerado una pandemia: el aumento del suicidio y de las conductas de autoagresión en niños y adolescentes.
La DBT cuenta con una adaptación específica para centros educativos: “DBT en escuelas”, donde se enseñan habilidades de regulación emocional desde los 5 años. Los estudios muestran que esta práctica mejora la resiliencia, la motivación académica, la empatía y la detección temprana de problemas de salud mental. También permite abordar fenómenos preocupantes como el bullying y el ciberbullying, hoy estrechamente vinculados al riesgo suicida.
Porto destacó la importancia de diferenciar la ideación suicida —la idea de desaparecer como solución— de los intentos, cuando ya existen planes o métodos concretos. “En ambos casos es necesario intervenir a tiempo”, advirtió. La especialista subrayó que detalles como la desesperanza, pensamientos automáticos de incapacidad o la rigidez cognitiva deben ser señales de alarma en niños y adolescentes.
Además de la prevención, Porto remarcó la necesidad de la postvención: el acompañamiento a compañeros, familias y comunidades escolares tras un suicidio, con especial atención a los más vulnerables o identificados con la persona fallecida.
La conclusión es clara: hablar de regulación emocional en las escuelas y dotar a docentes y familias de herramientas concretas puede salvar vidas. “No podemos dejar pasar señales en los chicos. Cada comentario cuenta y siempre es momento de pedir ayuda”, resumió Porto.