La sexualidad cambia a lo largo de la vida, pero eso no significa que deba apagarse. Después de los 50, tanto hombres como mujeres pueden vivir una vida sexual plena, saludable y placentera. Lo fundamental es comprender los cambios naturales del cuerpo, cuidar la salud general y consultar a profesionales cuando es necesario.
Con el paso de los años pueden aparecer desafíos: en los varones, la disfunción eréctil o la eyaculación precoz; en las mujeres, la disminución del deseo, la falta de lubricación o el dolor en la penetración. Son situaciones frecuentes y, sobre todo, tratables.
El primer paso: cuidar la salud integral
Muchas dificultades sexuales se relacionan con factores generales de salud. Por eso, los especialistas recomiendan:
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Tratar enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes.
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Reducir el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias.
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Realizar actividad física regular, especialmente ejercicio cardiovascular, que mejora la circulación, aumenta neurotransmisores asociados al deseo y eleva la autoestima.
Además, es fundamental revisar si medicamentos como antidepresivos, antihipertensivos u hormonales están influyendo en la función sexual.
Tratamientos efectivos para ellos y ellas
En hombres, los tratamientos actuales son altamente eficaces.
Primero se utilizan fármacos orales como sildenafil o tadalafilo. Cuando se busca una solución más profunda, existen terapias como las ondas de choque de baja intensidad, que estimulan la formación de nueva vascularización y mejoran el flujo sanguíneo hacia el pene, logrando erecciones más firmes y naturales.
En mujeres, la disminución del deseo y la dificultad para lubricar requieren un abordaje integral: trabajar la autoestima, recuperar la conexión con el cuerpo, incorporar estímulos eróticos, mejorar la comunicación íntima y, cuando corresponde, complementar con tratamientos médicos.
Hablar, consultar, acompañarse
A pesar de ser temas comunes, muchas personas no hablan de sus dificultades sexuales, y a veces tampoco los médicos abordan estos temas con naturalidad. Sin embargo, acudir a profesionales formados en sexualidad puede transformar la calidad de vida.
La sexualidad no tiene edad límite. Con información, acompañamiento y tratamientos adecuados, es posible disfrutar plenamente del cuerpo y del vínculo a cualquier edad. Lo importante es animarse a dar el paso.