En BuenVivir conversamos con la Dra. Carolina Buchalgia, doctora en Educación, directora del colegio EDU School y miembro de la directiva de la Universidad de la Empresa. Una mujer acostumbrada a trabajar mucho, pensar, estudiar y organizar. Y justamente de organización hablamos: cómo preparar nuestras vacaciones para disfrutarlas… y no padecerlas.
Aunque todos esperamos con ansias ese descanso, muchas veces cuando llegan aparece una sensación inesperada: “extraño la rutina”. ¿Por qué sucede? Según Buchalgia, lo que pasa es simple: pasamos todo el año en automático, con horarios, listas y un ritmo acelerado. De un día para el otro, al comenzar las vacaciones, bajamos de mil a cero. Y el cerebro no entiende ese cambio brusco.
Bajar revoluciones antes de salir
La especialista recomienda no esperar al primer día de vacaciones para aflojar. “Si uno llega a ese momento todavía acelerado, se pasa la mitad de la licencia desorientado, sin saber qué hacer, y cuando finalmente se adapta… ya hay que volver”, explica.
Por eso, propone un enfoque práctico: bajar revoluciones gradualmente y salir de vacaciones “semiorganizados”. No planear cada minuto —porque eso convierte el descanso en otra rutina— pero sí definir un objetivo común: disfrutar.
Espacios para todos: adultos, niños y adolescentes
Las expectativas suelen chocar: los adolescentes quieren salir, trasnochar, ver amigos; los padres buscan descansar; los abuelos necesitan su propio ritmo. Hablarlo antes evita choques. Cada uno necesita su espacio, y al mismo tiempo es importante generar momentos compartidos.
También ayuda limitar la tecnología en encuentros comunes: no prohibir, pero sí sugerir espacios sin pantallas para crear memorias en familia. “Las anécdotas y experiencias compartidas son las que quedan”, afirma.
Mitad de vacaciones: el vértigo del “se me van”
Según Buchalgia, al inicio del descanso sobra tiempo y cuesta adaptarse a no hacer nada. A mitad de las vacaciones ocurre lo contrario: aparece la ansiedad por aprovechar cada minuto antes de que se terminen.
La clave está en fragmentar el tiempo: espacio para la familia, para los amigos, para el ocio creativo, para una siesta cuando surge y para ese libro que quedó pendiente desde marzo.
Vacaciones también es no hacer nada
Descansar no es solo hacer cosas divertidas; es también vaciar la mente. Una caminata, una pequeña meditación, un rato en silencio o simplemente estar sin plan. Incluso vacacionar en casa puede ser reparador: ordenar, redecorar, cambiar la rutina y salir del piloto automático.
“Ese reset es fundamental. Renovarse es salud”, explica la doctora.
Organización flexible: el equilibrio justo
La conclusión es clara: relajarse no es sinónimo de caos. Tampoco se trata de vivir con un cronograma estricto. Las mejores vacaciones son las que combinan libertad con un mínimo de orden: relajo, pero con norte.
Porque cuando pensamos, aunque sea un poquito, cómo queremos vivir esos días, los disfrutamos el doble.