Buen Vivir especial del 24 de diciembre, en la previa de la Nochebuena, ponemos el foco en una realidad que suele intensificarse en estas fechas: el impacto emocional que tienen las celebraciones en las personas que atraviesan trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Si bien las fiestas son momentos de encuentro y celebración, también pueden generar altos niveles de ansiedad y malestar.
La psicóloga Julia Alderete explicó que la comida y el cuerpo suelen ocupar un lugar central durante las reuniones familiares, lo que puede resultar especialmente difícil para quienes conviven con un TCA. Comentarios sobre el aspecto físico, la insistencia para comer o la presión social, aun cuando no tengan mala intención, pueden afectar profundamente el bienestar emocional y reforzar conductas de riesgo.
Entre las principales recomendaciones se destaca la importancia de quitar el foco de la comida y del cuerpo, y ponerlo en el vínculo y el encuentro. Respetar decisiones, evitar comentarios sobre cuánto o qué se come, y no exponer a estas personas a la organización del menú o a situaciones de control, ayuda a reducir el estrés y a vivir la noche con mayor tranquilidad.
Las fiestas también movilizan emociones intensas en muchas personas, con o sin TCA: duelos, conflictos familiares, balances personales y tensiones acumuladas a lo largo del año. Desde Buen Vivir, el mensaje es acompañar con empatía, validar lo que cada uno siente y priorizar el cuidado emocional para atravesar estas fechas de la manera más saludable posible.