La longevidad ya no se piensa solo como vivir más años, sino como vivirlos con salud, autonomía y vitalidad. Bajo esta mirada integral, el concepto de biohacking deja de ser una moda para convertirse en una estrategia respaldada por la ciencia: entrenar, alimentarse y tomar decisiones cotidianas que influyan positivamente en cómo envejecemos.
En este camino, la licenciada en nutrición y educación física Doina Galo, integrante del equipo de Estilo de Vida, propone un abordaje que integra nutrición, ejercicio físico, suplementación y análisis genético, entendiendo al ser humano como un todo indivisible.
Un enfoque integral para una longevidad saludable
“La evidencia científica demuestra que abordar áreas aisladas de la salud no genera impactos reales ni sostenibles en el tiempo”, explica Galo. Por el contrario, la combinación de hábitos saludables con información genética y epigenética permite diseñar estrategias personalizadas que orientan el entrenamiento, la alimentación y la suplementación de forma precisa.
La genética nos brinda información que no cambia a lo largo de la vida; la epigenética, en cambio, muestra cómo nuestros hábitos pueden modular la expresión de esos genes. En otras palabras, no podemos cambiar nuestros genes, pero sí cómo se expresan.
¿Por qué los músculos son protagonistas de la longevidad?
Cuando se habla de longevidad, solemos pensar en el corazón o el cerebro. Sin embargo, el músculo cumple un rol central tanto en hombres como en mujeres. Mantener la masa muscular es clave para preservar la densidad ósea, la fuerza, la funcionalidad y la independencia a lo largo de los años.
Este punto cobra especial relevancia en mujeres mayores de 40, etapa en la que los cambios hormonales favorecen la pérdida de masa muscular y el aumento de grasa abdominal. Frente a este escenario, el entrenamiento de fuerza deja de ser opcional y se vuelve una herramienta esencial.
Más allá del cardio: la importancia del entrenamiento de fuerza
Si bien el ejercicio cardiovascular es fundamental para la salud del corazón, no es suficiente por sí solo. El trabajo de fuerza y de hipertrofia contribuye a mejorar la composición corporal y genera un aumento agudo de testosterona, hormona clave no solo para la energía y la vitalidad, sino también para la salud ósea, muscular y metabólica.
“La fuerza permite llegar a la longevidad con más autonomía y calidad de vida”, sostiene Galo. Y derriba otro mito frecuente: nunca es tarde para empezar. A cualquier edad, es posible diseñar un plan de entrenamiento y nutrición acorde a los objetivos y necesidades individuales.
Programas personalizados y salud de precisión
En línea con esta visión, Estilo de Vida amplió su equipo y servicios incorporando tests genéticos y epigenéticos, que se suman a los programas ya existentes. Entre ellos, se destacan:
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Estudios genéticos orientados a mujeres que buscan mejorar su composición corporal.
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Paneles de nutrición y deporte para deportistas amateurs y profesionales.
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Tests específicos que analizan la metilación del ADN, un proceso clave asociado a enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas y distintos tipos de cáncer.
Este enfoque de salud de precisión permite anticiparse, prevenir y tomar decisiones informadas, con el objetivo de que cada persona pueda expresar su mejor versión genética a lo largo del tiempo.
Longevidad: una construcción diaria
La longevidad no es un destino, sino un proceso que se construye día a día. Entrenar la fuerza, alimentarse de forma consciente, entender el propio cuerpo y apoyarse en la ciencia son pilares fundamentales para vivir más y mejor.
Porque, como señalan los especialistas, la verdadera longevidad se entrena todos los días.