Los trastornos de la conducta alimentaria no son un problema menor ni superficial. Afectan a niños, adolescentes y adultos, y detrás de cada diagnóstico hay una persona que sufre y necesita ser escuchada y acompañada de manera adecuada.
La licenciada en Psicología Julia Alderette, directora de la Clínica Insula, destaca que una de las principales dificultades es la demora en llegar a profesionales especializados. Ese tiempo perdido permite que la patología gane fuerza y complique el proceso de recuperación.
Anorexia, bulimia, ortorexia y otros trastornos alimentarios tienen un origen multicausal. Factores biológicos, psicológicos, familiares, sociales y culturales se combinan, por lo que no existe una única causa ni una sola respuesta posible.
Por eso, el tratamiento debe ser integral. Psicólogos, nutricionistas, psiquiatras y médicos trabajan en conjunto para abordar no solo la relación con la comida y el cuerpo, sino también el conflicto emocional profundo que está en la raíz del problema.
Además, el acompañamiento se extiende al entorno cercano. Familias y referentes también atraviesan el sufrimiento y forman parte activa del proceso terapéutico, que hoy puede realizarse tanto de forma presencial como a distancia, facilitando el acceso a la ayuda profesional.