Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una enfermedad que afecta a más de 55 millones de personas en el mundo, según la OMS, y que se proyecta alcanzará los 131,5 millones en 2050. Se trata de uno de los grandes desafíos sanitarios del siglo XXI.
Si bien la ciencia avanza con nuevas terapias y diagnósticos más tempranos, el Alzheimer sigue rodeado de mitos que generan temor, falsas expectativas y hasta decisiones equivocadas.
Uno de los más frecuentes es pensar que “no se puede prevenir y que todo depende de los genes”. Sin embargo, la evidencia muestra que hasta un 40% del riesgo es modificable. Factores como la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, la depresión, el sedentarismo o el aislamiento social influyen de manera determinante. Adoptar hábitos saludables, como una alimentación tipo mediterránea, la práctica regular de ejercicio físico y la construcción de vínculos sociales, reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Otro mito habitual es creer que “los crucigramas o las apps de memoria previenen el Alzheimer”. La estimulación cognitiva ayuda, pero solo cuando es variada y desafiante. Aprender un idioma, tocar un instrumento o mantener una vida social activa tienen mayor impacto que repetir rutinas de entrenamiento mental, según la Alzheimer’s Association.
En este Día Mundial, el mensaje es claro: el Alzheimer no es inevitable. Comprender la importancia de la prevención, derribar los mitos y promover el cuidado temprano son claves para cambiar el curso de la vida cotidiana y enfrentar con más preparación esta enfermedad.