Las terapias con flores pueden ser una herramienta poderosa para acompañar las emociones de los más pequeños. Desde ayudar a niños que tienden a callar y no expresar lo que sienten —con flores como la fucsia— hasta casos de alta sensibilidad donde el laurel ofrece contención, cada esencia tiene una función específica. Para los más inquietos o ansiosos, el jazmín de Hungría favorece la calma, mientras que el macachín rosado y el viburnum son aliados ideales para quienes presentan dificultades en el aprendizaje, la atención o la concentración. La medicina floral es un puente natural hacia el equilibrio emocional y el bienestar integral.
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